1 DE DICIEMBRE ¿SÓLO UNA EFEMÉRIDES?

1 Dic

Este primero de diciembre se conmemora una vez más el Día Internacional de Lucha contra el Sida, quizás único día del año en que políticos, organizaciones y medios de comunicación de Salta coinciden en mostrarse preocupados por la epidemia del virus de inmunodeficiencia humana, marcando un contraste con los 364 días restantes del año en que la situación del vih se encuentra invisibilizada y con escasos recursos para su abordaje.

 

La epidemia global de vih aún representa uno de los desafíos de salud pública más devastadores, a pesar del reconocido avance en el acceso a tratamiento y la prevención de nuevas infecciones, mayormente por vía perinatal (transmisión madre/hijx). Después de casi 30 años de epidemia, las desigualdades de género persistentes y las violaciones a los derechos humanos continúan obstaculizando los progresos y amenazan los logros alcanzados hacia el acceso universal a prevención, tratamiento, atención y cuidado en relación al vih, suponiendo un impedimento hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. (Homos y travestis, Duranti, R., 2011)

 

Argentina es aún uno de los países “en rojo” para ONUSIDA y otros organismos de derechos humanos internacionales, ya que provincias cómo Salta mantienen vigente leyes, cómo el Código Contravencional, que impiden el acceso a prevención, tratamiento, cuidado y apoyo a las poblaciones más vulnerables al vih, como las personas trans en situación de prostitución a quienes la policía persigue e incluso secuestra los preservativos como “material probatorio” de la infracción (prostitución) cometida.

 

En Argentina la epidemia de VIH-sida se distribuye de modo desigual. Diversos estudios indican que, cuando en la población general la prevalencia es menor al 1%, en algunos subgrupos como las personas travestis, transexuales y transgéneros, ésta llega a ser mayor al 22%. Entre los hombres que tienen sexo con otros hombres o con personas travestis llega al 12% y al 5% entre las trabajadoras sexuales. (DNSyETS)

 

La epidemia continúa afectando principalmente los grandes conglomerados urbanos en todas las ciudades capitales del país. A lo largo de los últimos diez años, se observa un aumento en la mediana de edad de las personas diagnosticadas que se ubicó en 35 y 31 años para varones y mujeres, respectivamente, en las últimas mediciones realizadas. Así, en los últimos tres años, una de cada cinco personas diagnosticadas tenía 45 años o más. Las relaciones sexuales desprotegidas siguen siendo la principal vía de transmisión del virus. En el período 2007-2009, el 88% de los varones y el 84% de las mujeres diagnosticadas se habían infectado de ese modo.

 

En el caso de los varones, el 49% lo hizo en una relación heterosexual, en tanto el 36% lo hizo en una relación desprotegida con otro varón. Además continúan descendiendo las transmisiones por uso compartido de material para consumo de drogas inyectables y los diagnósticos de infección por transmisión vertical.

 

En Salta los diagnósticos acumulados de infección por VIH en el periodo 2001-2009 son 1.217 casos, un 2,50% del total a nivel país, con una Tasa de VIH por 100 mil habitantes entre 2007 y 2008 del 10,8 % (la media a nivel país es de 12,7) y una Tasa de mortalidad por sida por millón de habitantes en 2008 de 60,5 % (siendo la tasa a nivel país de 35,3%). Las tasas de la provincia en comparación con la incidencia a nivel país son altas, y están en ascenso. Esto se puede deber a un retraso en las notificaciones en años anteriores, aunque también debe resaltarse que la escasa asignación de recursos del estado provincial para con el programa local de sida para el trabajo en prevención; los conocidos obstáculos políticos para la implementación de la educación sexual integral y los altos índices de discriminación en los servicios públicos de salud por identidad de género, orientación sexual y convivencia con el virus del vih; se constituirían en variables con alto poder de incidencia en las tasas de infección y mortalidad.

 

El vih nos lleva necesariamente a pensar la sexualidad, y hay cuestiones de abordaje de la epidemia que solo pueden esbozarse entrecruzando la compleja realidad de la sexualidad de las personas, que escapan a una supuestaheteronormatividad monogáma, con el vih y su prevención, a fin de empezar a reconocer que no basta decir a los ciudadanos y ciudadanas lo que tienen que hacer, que la información nunca es útil universalmente, que la realidad individual (única y subjetiva) tiende a olvidarse muchas veces en las visiones de conjunto y escapa a las mediciones en salud, pues más allá de lo público y lo privado, en lo íntimo, cada cual decide sus actos según su deseo, que no es mensurable aunque esté constreñido por el entorno (Duranti; op.cit).

 

En el caso de las personas homosexuales, gays, bisexuales, trans (travestis, transexuales y transgénero) y otros hombres que, sin identificarse con ninguna de estas categorías, mantienen prácticas sexuales con otros hombres o con personas trans, siguen constituyendo un porcentaje importante de las nuevas infecciones de VIH-sida en nuestro país, hecho que se constata de igual modo en la mayoría de los países de la región. Diversos estudios de seroprevalencia en la Argentina han arrojado valores cercanos al 12% en los llamados, de modo general, “hombres que tienen sexo con hombres”, y por encima del 34% entre personas trans (DNSyETS, Bolén Epidemiológico, 2010).

 

En consecuencia, para la Dirección Nacional de Sida, se convirtió en prioritario obtener información estratégica para el desarrollo de políticas y acciones en el área de diversidad sexual a ser aplicadas en todo la República Argentina. La investigación “Condiciones de vulnerabilidad al VIH/Sida y problemas de acceso a la atención de la salud en personas homosexuales, bisexuales y transexuales en Argentina” realizada en 14 ciudades del país en 2009, entre ellas Salta, puso en evidencia las siguientes situaciones:

 

  • De modo general, las personas gay/homosexuales  relataron haber vivido la percepción de sus deseos homoeróticos con “inquietud” pues se daban cuenta de que esto las distanciaba de la norma heterosexual dominante.

 

  • Las personas  travestis/trans tuvieron sus vidas signadas por un permanente proyecto de “feminización”, cuyo origen se reconoce en la niñez a partir de emociones y sentimientos femeninos discordantes con respecto a lo que sentían o se esperaba de ellas por su sexo biológico. Esto las llevó a procesos de transformación que implicaron la adopción de una apariencia femenina a través de vestimenta y/o distintas intervenciones sobre el cuerpo, en algunos casos la salida del hogar y/o ciudad natal, la socialización en el “ambiente” con otras semejantes y, en ocasiones, el inicio del trabajo sexual.

 

  • Si bien las  infecciones de transmisión sexual (ITS) pueden ser consideradas “enfermedades vergonzantes” por parte de la población en general, en el caso de las personas del colectivo de diversidad sexual puede significar un plus de temor y sufrimiento; en algunos casos por miedo a que se descubra su sexualidad y, en otros, a ser culpados por tener la enfermedad a causa de su “comportamiento” o “estilo de vida”.

 

  • Muchas personas han demorado o evitado la consulta por temor a que su orientación sexual fuera descubierta. Hay algunas que han resuelto este impasse a través de diferentes estrategias tales como: “elegir un profesional de confianza” o “elegir un profesional totalmente desconocido al que se espera no ver nunca más”; en el caso de personas con mayores recursos económicos, trasladarse de su localidad de origen hacia otra para conservar la confidencialidad con respecto a su orientación sexual y/o a su diagnóstico.

 

  • Esta estrategia del traslado de una ciudad a otra puede observarse también a la hora de la recreación, el entretenimiento y/o la búsqueda de compañía sexual. Muchas personas entrevistadas (las que tienen mayores recursos) se trasladan a ciudades cercanas para poder disfrutar de su tiempo libre por fuera de las miradas que se viven como culpabilizadoras o amenazantes por parte de quienes viven en la misma localidad o barrio.

 

  • Por parte del equipo de salud se observan respuestas “políticamente correctas” (“tratamos a todos por igual”, “acá no se hace diferencia con nadie”), respuestas en las que el profesional/técnico logra percibir la “diferencia” y actuar de modo adecuado, es decir que consigue incluir en la atención las características particulares de su paciente. También se detectaron fuertes prácticas de discriminación.

 

  • Algunas prácticas de discriminación relatadas por miembros del equipo y/o personas entrevistadas fueron: suponer que la población GTB es “peligrosa” o conforma un “grupo de riesgo”, lo que redunda en cuidados “especiales” a la hora de atenderla; estos recaudos no son considerados ante la población heterosexual o bien ante la que oculta su orientación sexual (esto es imposible para las personas  trans); relegar la atención de estas personas a un último turno, es decir no respetar el orden de llegada; hacer chistes, cruzar miradas y sonrisas malintencionadas cuando una persona  trans concurre a la atención; hacer ingresar a la consulta de una persona trans a otros profesionales para que “observen el fenómeno”, entre otras.

 

En base a esta realidad es que la Dirección Nacional de Sida definió políticas específicas de prevención, diagnóstico y tratamiento destinadas a estas poblaciones, desarrollando la experiencia piloto de los “Consultorios Amigables”. Los servicios amigables con la diversidad ofrecen asesoramiento confidencial sobre prevención, diagnóstico y tratamiento del VIH e ITS. Por otra parte se realiza la derivación asistida según las diferentes necesidades de las personas que concurran y,  complementariamente, se llevan adelante capacitaciones sobre sexualidad y diversidad sexual para el trabajo de los equipos de salud.

 

Brindar servicios y acciones precisas ligadas a las necesidades cotidianas de cada grupo determinado, utilizando los códigos que se manejan específicamente en esos grupos es reconocer la realidad sin discriminaciones homo/bi/lesbo/travestofóbicas. Implica también lograr cambios de conductas a través de acciones que desmitifiquen aquellos aspectos de la sexualidad que puedan ser negados o vividos como marginales. Toda conducta pensada como marginal se convierte en clandestina y por lo tanto aumenta la vulnerabilidad de las personas. (Duranti, op.cit.)

 

El preservativo es la mejor forma de prevención conocida en términos de transmisión del virus, pero el discurso preventivo (que re-emerge cada 1 de diciembre) basado exclusivamente en éste, se transformó en un discurso moral que señala al que cumple del que no, al sexo bueno del sexo malo, pero lo moral, señalado desde afuera, finalmente cansa y así aparece la fatiga del preservativo (situación que respondería a la creciente práctica de sexo sin protección en todos los grupos poblacionales).

 

Es necesario reactualizar el discurso acerca del vih (dejar definitivamente enterrado el discurso ochentoso que habla sólo de muerte), teniendo en cuenta que una vez adquirido no hay vuelta atrás por el momento, que no es lo mismo ser positivo que negativo; informar sobre los beneficios y efectos secundarios de la medicación, respetar la identidad de cada sujeto y su derecho a gozar su sexualidad de acuerdo a sus elecciones, entre las que figura la de cuidarse.

 

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